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La vieja idea del Che Guevara de hacer tabula rasa con la economía del imperio imprimiendo billetes e inundando el mundo de dólares es actualizada en la serie Mr. Robot, inspirada según sus responsables en la Primavera Árabe, Ocuppy Wall Street y por supuesto el movimiento Anonymous.

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En la actualidad no haría falta imprimir billetes, sino borrar algunos bytes de algunos discos duros de las multinacionales bancarias que por inercia seguimos llamando bancos. Las personas especialistas en abrir estas nuevas cajas blindadas de los bancos se llaman hackers, y varias de ellas son protagonistas de la serie.

No hay más que analizar cómo son caracterizados para comprobar que la serie es una burda y torpe criminalización de un movimiento cuyo objetivo declarado es la justicia social. El protagonista está aquejado de serios problemas mentales, es incapaz de relacionarse, no soporta el contacto físico y es drogadicto. No he soportado más que los cinco o seis primeros capítulos pero me han contado que Elliot Alderson es el único que ve a Mr. Robot, que es un personaje que está dentro de su imaginación al estilo de El club de la lucha (David Fincher, 1999). Bien. Ya podía haber imaginado un personaje que no representase lo peor de la humanidad, el autoritarismo violento e insensible al sufrimiento de los demás.

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A Mr. Robot, alter ego de Elliot, no le importa acabar con las vidas de gente inocente en esta guerra contra el sistema. Tampoco le importa erigirse en el jefe, repito, jefe, de un grupo de hackers que en la ficción supuestamente representa a otro grupo de hackers real, cuya norma básica de funcionamiento es precisamente que no hay jefes. Pero es que además Mr. Robot es violento y amenazador. Es un hombre blanco, por cierto, y su equipo (el equipo de Elliot) está compuesto por un negro exdrogadicto, un blanco barbudo con problemas de sobrepeso e incontinencia la hora de ingerir comida basura, una jovencita árabe con velo que reza mirando a la Meca antes de hackear una multinacional, y otra jovencita con absolutamente todos los problemas psicológicos y personales que podamos imaginar, como vivir en la calle y no tener dónde caerse muerta.

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Esto no es obviamente una representación ni realista ni figurada del movimiento informático antisistema, cuyo rostro es la máscara de Guy Fawkes (V de Vendeta), sino una representación de lo que al sistema le gustaría que fuese el movimiento antisistema. Es decir, una pandilla de inadaptados con problemas sociales y psicológicos que se resienten contra la sociedad por su falta de encaje y popularidad.

El malo malísimo contra el que tiene que enfrentarse Elliot, el supervillano, no es el dueño de la multinacional E Corp, ni pertenece siquiera al consejo de dirección compuesto por hombres blancos mayores de sesenta años. Su enemigo es Tyrell Wellick, un joven, rencoroso, inadaptado y violento ejecutivo de E Corp que paga a un mendigo para que se deje dar una paliza (curiosa forma de relajarse), que se abofetea a sí mismo delante de un espejo, que practica el sexo con un compañero de trabajo sólo para hackearle el móvil, y que luego tiene que satisfacer a su embarazada esposa a través de prácticas sadomasoquistas. Algo tan bonito como el sexo en sus múltiples versiones no es representado como algo bonito cuando Tyrell es el protagonista, una pena porque tanto su compañero de trabajo como su esposa son realmente atractivos.

En fin, el villano de la serie es otro personaje antisistema, al mismo nivel de inadaptación que el grupo protagonista. La serie se cuida de marcar distancias entre el joven Tyrell y el consejo de dirección de E Corp: en una ocasión solicita una reunión para pedir un ascenso a un puesto que ha quedado vacante, pero uno de sus respetables jefes de más de sesenta años declina amablemente la reunión y le informa de que el puesto deseado lo ocupa ya otra persona.

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Otro detalle curioso es que Elliot consigue que detengan al alto ejecutivo de E Corp Terry Colby gracias a una falsa incriminación, en vez de hacerlo sacando a la luz su responsabilidad en el ocultamiento de informes que alertaban de las tóxicas condiciones de trabajo que soportaban decenas de empleados de E Corp, entre ellas el padre de Elliot y el de su amiga Angela. Elliot se encarga de señalar en varias ocasiones que Terry fue detenido por un crimen que no había cometido, aunque su otra personalidad sabe que era culpable de un crimen aún peor

Mi sentir personal es que el aburrimiento y estupor se suceden hasta lo insoportable en una nueva criminalización de la disidencia. “Tal vez el sistema no sea perfecto, pero quien está fuera, quien no se adapta al mismo, está aún peor”, parece querer decir Mr. Robot.

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