en Poética y Retórica

Al parecer fue Richard Wagner quien acuño el término de “obra de arte total” refiriéndose al tipo de ópera que fusionaba la música, el teatro y las artes visuales en un equilibrio dinámico, sin descuidar ninguna de ellas y otorgándoles igual importancia.

El cine se acerca mucho a esta idea del arte total, y aunque es obvio que la pérdida de la presencia física es absolutamente irreparable, las ventajas en términos comunicativos que tiene el cine sobre el teatro o la ópera son también evidentes.

David Lean fue un maestro en el uso de las capacidades simbólicas de la imagen sonora en movimiento, y el equilibrio dinámico una de sus virtudes.

En Doctor Zhivago nos hablan las voces, los ojos, los gestos, los colores, las formas, y hasta el detalle aparentemente más insignificante condensa y explica en un segundo la historia de amor de toda una vida.

Vamos a ver alguno de estos detalles.

Para empezar el más obvio, la relación que Lean estable entre Lara y las flores, especialmente las flores amarillas que siempre le acompañan, y que simbolizan el fuego interior, la vitalidad, el florecimiento, el amor, y la persistencia en su persona de todo este conjunto de características incluso en las situaciones más adversas.

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Otro símbolo a través del cual el director se comunica con nosotros a un nivel connotativo, con un maravillosos recurso poético, es la sangre. Una mancha de sangre en el hielo que Yuri, el médico, observa, emocionalmente quebrado. Una mancha de sangre fruto de la masacre que los jinetes cosacos del ejército zarista han provocado entre los pacíficos manifestantes comunistas. Yuri observa la mancha de sangre sin poder apartar la vista.

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Y en otro lado de la ciudad, Lara emprende la marcha de vuelta a su casa después de pasar una velada con Komarovsky. El enlace entre ambas escenas es precisamente la mancha de sangre, que Lara parece mirar fijamente aunque se encuentre en otro lugar, tal vez dentro de su cabeza.

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Y es que, efectivamente, Lara acaba de perder la virginidad con el amante de su madre. Se despiden sin hablar, compartiendo mirada contrariada, triste y culpable.

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Finalmente, otra mirada compartida. La que lanzan Lara y Yuri desde el tranvía a un grupo de niños que juega en la calle. Es su primer encuentro, están sentados una delante del otro en el tranvía, y ambos sonríen mirando al grupo de niños. Ya sabemos lo que comparten, gusto por la vida, la inocencia, y deseos de una felicidad futura.

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Luego se levantan para bajar del tranvía. No se miran, se rozan de espaldas al cruzarse en el pasillo.

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Enseguida una nueva imagen. Esta.

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La conexión del tranvía con el cable de electricidad suelta un chispazo. Esto es lo que provoca el roce de las espaldas de Lara y Yuri. La chispa que condensa la necesidad que tendrán de estar juntos: sentirse vivos, intensamente vivos.

Dicen que Doctor Zhivago recibió, incomprensiblemente, unas críticas nefastas durante las primeras semanas de su estreno, tal vez por motivos ideológicos, algo lógico por otra parte por razones históricas en las que no vamos a detenernos. Desde luego conviene verla dos veces, con los cinco sentidos abiertos, para captar la obra de arte que es. La tercera se la dejamos a la ideología.

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